lunes, 12 de noviembre de 2012

Ecos de los 16


Los debates sobre el voto joven no dejan de tener implicancias en la vida diaria de nuestro pais, de a poco, avanzan los debates y vamos desgranando los discursos berretas de una porcion de la sociedad que mira con desden el futuro. @TefiBari, comenta algunos ejes del relato anti pibe. Pa tenerlos presentes y poder definir el rumbo! 

Fueron muchos los diputados que el pasado miércoles 31 de octubre expresaron sus argumentos en contra del proyecto que habilita a votar a los chicos y chicas de entre 16 y 18 años que quieran hacerlo. Fueron argumentos vanos, enquistados en viejos pensamientos, cargados de subestimación a la juventud y claramente esperables de quienes provenían.

 "ese temor se encuentra siempre dentro de los sectores más conservadores que no pueden mirar hacia adelante. Porque no se trata de la incorporación de cualquier actor social, sino del más dinámico de la sociedad: la juventud." 
Quienes se expresaron en contra, argumentaron estar a favor de la ampliación de derechos de los jóvenes, pero no de este derecho, ya que detrás del voto joven está la estrategia del partido gobernante. Sin embargo, detrás de esa explicación, se esconde el verdadero motivo de su negación: creen que esos chicos no están capacitados para votar, a tal punto que esgrimieron explicaciones supuestamente científicas, como que los pibes y pibas no están biológicamente desarrollados para votar porque no son lo suficientemente maduros.

Se oyeron cosas como que existe una lista de derechos que deberían ampliarse (pero este no es prioritario); que el motivo del oficialismo para lanzar esta ley es que los jóvenes sean electores, no ciudadanos; que quieren usar a los pibes para lograr la rereelección (como si los chicos y chicas no tuvieran la capacidad de decidir y como si su militancia se enmarcara sólo dentro del kirchnerismo, negando claramente la existencia no sólo de muchísimas organizaciones juveniles actuales sino también la historia de la juventud en nuestro país, esa gloriosa juventud llena de luchas y conquistas y negando que no modifica el padrón, ya que se trata sólo del 3% del mismo).

Un chico o una chica puede ser lo suficientemente adulto para ir a la cárcel, para ser obligado por la policía a trabajar para ellos, para ser reprimidos, para ser padres, para ser fuerza de trabajo de este sistema, para ser sostén de familia, pero, desde esta perspectiva, no está calificado para votar, ni para militar, ni para tomar un colegio, ni para plantear sus propios reclamos.

Esta perspectiva se repite en el recorte que hacen sobre la juventud los medios de comunicación. Son muchísimos los programas que sólo muestran la salida de un boliche, o chicos consumiendo o agarrándose a trompadas, generando una estigmatización peligrosa. Son muy pocos los medios, por lo general sólo los alternativos, los que retratan la construcción de la juventud y las luchas que vienen llevando adelante desde hace muchos años. Jóvenes en los secundarios reclamando por sus derechos y jóvenes en los barrios luchando por una vida mejor. Todo esto queda afuera de los argumentos de aquellos que sostienen que aún existe una asimetría de derechos que hay que resolver previo a la aprobación del derecho de los jóvenes a votar, escondiendo que lo que hay detrás de esos argumentos, en realidad, es la intención de perpetrar la “asimetría de derecha”.

Existen aún muchas deudas pendientes en materia de política hacia la juventud, sin embargo, no puede negarse que se trata de un avance en materia de derechos, y lo que es más, un reconocimiento a las capacidades de la juventud, a su presencia en la política y a su constitución y consolidación como actores políticos.

La historia ha demostrado que la incapacidad siempre vino de los adultos que son los que gobiernan, y no de los y las jóvenes de quienes se espera la obligación de acatar órdenes y obedecer. Por este motivo, este avance genera temor, el temor que genera el ingreso de cualquier nuevo actor en la vida política de un país. Y ese temor se encuentra siempre dentro de los sectores más conservadores que no pueden mirar hacia adelante. Porque no se trata de la incorporación de cualquier actor social, sino del más dinámico de la sociedad: la juventud.

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