Para defender la educación pública popular, discutamos los contenidos, habilitemos más espacios para la discusión y la participación!
Cuando presenté la idea de “transformar la educación” a mis
compañeros en el colegio no me entendieron. Mi idea era profundizar, a través
de nuestra experiencia, sobre la educación que recibimos. Propuse debatir sobre
el sistema de calificaciones, los exámenes de ingreso y diversos mecanismos que
existen hoy en la educación que a mí me parecían bastante perversos, les planteé
a mis compañeros que pensáramos qué queríamos transformar hoy del sistema
educativo.
-Yo pienso- dije- que el sistema educativo es hoy es exclusivo,
fomenta el individualismo y la competitividad entre pares. No desde el
discurso, desde allí todos tenemos el derecho y la obligación de educarnos,
todos podemos. Pero vayamos a lo cierto, a la práctica. Todos sabemos que en muchos
colegios públicos hay que dar un examen de ingreso para entrar, o que no podes
repetir más de determinadas veces o llevarte determinada cantidad de materias
si queres quedarte en el colegio. Todo eso para mantener el tan sagrado “prestigio”,
el “nivel”.
Si eso no es excluir, marginar, ¿qué es? ¿Si hay una nota que te califica
y te dice “vos sos el más inteligente” o “vos sos el más tonto”, cómo se puede
crecer en igualdad y en un ámbito colectivo?- Sin sorprenderme y reafirmando mi idea, el
debate se trasladó a un lugar bastante básico. “Tenés razón, Ceci, para mi
habría que cambiar, que en vez de aprobar con seis se pueda aprobar con cuatro”
me dijeron varios de los compañeros de mi grupo. Respondí un tanto indignada
que yo no estaba hablando de hacer la escuela más “fácil”, yo directamente
cuestionaba el sistema de calificación en sí, donde se determina la
inteligencia de un alumno en base a sus notas. Para mí no valía tener un título
sin saber, sin ser curioso, sin interesarte en nada y simplemente memorizando
datos. No me entendían, no se imaginaban otra forma que no sea un profesor, dueño
del conocimiento y la verdad absoluta, que llena de información a los alumnos,
cual hoja en blanco. Algunos me dijeron “¿Pero cómo no van a tomar pruebas? Tampoco
nos vayamos tanto, Ceci” y así seguimos debatiendo a lo largo de las horas de
clase.
Sin embargo, hubo una transformación en mi grupo y en el curso en
general a lo largo de las semanas que duró la campaña. Investigamos sobres nuevos
métodos de educación, sobre la educación popular, sobre la “escuela nueva” y de
esa manera todos nos fuimos interiorizando más en otras formas de educar, por
lo cual vimos, finalmente, que el sistema educativo que tenemos no es el único,
ni –en mi opinión- el mejor.
Pudimos entender que cuando empezamos el colegio tal vez
somos sí una hoja en blanco, una hoja en blanco que nos escriben cuando
deberíamos escribirnos en conjunto, trabajando en colectivo, generando dudas e
inquietudes. Eso es educar, eso es ser educado. No es repetir, es entender. No
es aprobar, es querer saber. No es estudiar, es aprender.
Es por eso que todos terminamos diciendo “Educación para
transformar. Transformar la educación” queremos ser educados en igualdad para
crecer en una sociedad inclusiva, solidaria, con espíritu colectivo y
fundamentalmente, con ganas de saber, de aprender y de investigar. Y vamos a
seguir luchando por transformar la educación.
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